acababa de retirarse de la vida académica, es decir, desde ese año 1956 se había convertido en un ilustre jubilado. El historiador y filósofo estaba por completar los doce volúmenes de su monumental obra “”, y ya cinco de ellos habían sido traducidos al español. Su palabra era escuchada con reverencia por otros intelectuales del Viejo y Nuevo Mundo. El Perú no fue la excepción.

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